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LA CRISIS SIRIA Y EL ENTORNO GLOBAL.

Una de las mayores lecciones de la crítica situación en Siria, en los últimos cuatro años, es el pobre papel de Occidente y particularmente de los EE.UU, en determinar ¿quién es el amigo/enemigo? y sobretodo, en su capacidad para reducir la conflictividad: ni Presidente Assad, ni la oposición al gobierno, ni el Estado Islámico, pueden decir que van ganando. Así, llega las iniciativas rusas para encontrar soluciones duraderas.

Por Ricardo Soberón Garrido

Publicado: 2015-10-21

En un denso tablero mundial, donde la creciente presencia de China, así como de Rusia, tensionan la posibilidad de un mundo multipolar, lo cierto es que se ha producido un escalamiento geopolítico del conflicto. Mientras, los países productores de crudo pelean –en un escenario a la baja- por el 34% de la demanda global proveniente del Asia Pacífico (China) y pierde legitimidad el sistema de sanciones, embargos multilaterales, surgen nuevas iniciativas para proporcionar estabilidad a dicha región.  

En regiones tan ancestralmente convulsionadas como el Magreb, Medio Oriente y Asia Central, la posibilidad de hacer cálculos como los que hace EE.UU en su relación con Israel (menos ahora, con el inicio de la intifada de sangre) o el Irán reformista, pueden tener incalculables consecuencias. Por otro lado, desde Europa, las implicancias de la crisis del medio millón de refugiados –particularmente en el corredor entre Turquía y los Balcanes- frente a los 4 millones distribuidos en países vecinos a Siria, pone en evidencia la poca disposición de sus miembros atizados por crecientes señales xenófobas, que deben recurrir a medidas odiosas como el cierre de fronteras o al establecimiento de campos muy similares a los de concentración del nazismo.

Las acciones efectuadas para armar a grupos opositores al régimen de Assad, permitieron el nacimiento y fortalecimiento de Estado Islámico, quien más allá de Al Qaeda y los Talibanes, se convierte en la nueva pesadilla de los intereses de Europa y EE.UU en esas regiones; la situación en el terreno es muy compleja: por un lado, el régimen de Basher al Assad, por el otro, los grupos opositores (Al Nusra) y, entre estos, el Estado Islámico con juego propio, no garantizan la continuidad del Estado sirio, como una unidad, como tampoco sucede en Iraq, Afganistán o Libia. En la vecindad, Turquía es contraria al gobierno de Damasco, además de ser principal receptor de refugiados sirios.

En realidad, las pobres acciones diplomáticas y militares de Occidente, provienen desde Afganistán (2001), Iraq (2003) y Libia (2011), donde mostraron su capacidad para desmantelar y debilitar, pero no para (re) construir países; incluso el Cuarteto para el Oriente Medio (creado el 2002 e integrado por EEUU, Rusia, UE y ONU en función mediadora), han sido infructuosas. La reciente decisión de Washington –de mantener una fuerza de 5,000 hombres en Afganistán- que va en contra de su oferta electoral inicial (el retiro definitivo el 2014), es una muestra del poco éxito obtenido en lo que se denomina “resolución de conflictos”. Asimismo, el reciente acuerdo con Irán, sobre su programa nuclear, si bien es positivo, no puede desprenderse que implica una mayor o mejor cooperación con Washington, después de 40 años sin relaciones diplomáticas. Por el contrario, las perspectivas de un paraguas chiita que comprenda a Siria, Iraq e Irán, puede ser un escudo contra los fundamentalismos suníes hacia Europa y Rusia.

Las acciones militares rusas iniciadas el 30 de septiembre para detener las acciones terroristas, no solo facilitan la ofensiva terrestre del ejército sirio, sino que ponen a Moscú nuevamente en juego en las “grandes ligas” internacionales, tratando de remediar los problemas ocasionados por Washington en el Medio Oriente, lo que ha llevado incluso a la firma de un Acuerdo para evitar incidentes aéreos. Como señalan analistas del Institute for the Study of War, se puede tratar de un inicio de una nueva era en la geopolítica global, por la proyección de fuerza que hace Moscú, más allá del Mar Negro, sobre el Mediterráneo.

Sin duda, la reciente visita de Assad a Moscú establecen las pautas de lo que debe ser un arreglo duradero próximo: equilibrio de intereses locales, regionales y globales, la dirección que tome la lucha contra el terrorismo internacional, y un proceso político participativo que ponga fin al conflicto, pero que al mismo tiempo evite descalabros estatales como los ocurridos en otros lugares de la región.


Escrito por

Ricardo Soberón Garrido

Abogado, con MA en Relaciones Internacionales, analista especializado en Drogas, Seguridad y Amazonía.


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